¿Por qué la herida sigue doliendo?
Es una sensación que conoces demasiado bien. Eres un adulto, tienes responsabilidades, quizás una carrera exitosa y una familia, pero ante ciertas situaciones —un grito, un rechazo sutil, una mirada de desaprobación— dejas de ser ese adulto competente. En una fracción de segundo, el tiempo colapsa y vuelves a ser ese niño asustado, indefenso o invisible. La angustia se instala en tu pecho con la misma intensidad que tenía hace veinte o treinta años.
Probablemente has pasado años en terapias convencionales, analizando tu infancia, culpando a tus padres o tratando de racionalizar lo que sucedió. Y aunque entiendes intelectualmente el origen de tu dolor, el síntoma persiste. La ansiedad no cede, el miedo al abandono sigue dictando tus relaciones y la sensación de insuficiencia te persigue.
Como Psicólogo Transpersonal, debo decirte algo fundamental: Tu dolor no es un error de tu sistema, ni una condena perpetua. Es un síntoma de una memoria que ha quedado congelada en el tiempo. El problema de la terapia convencional es que a menudo te obliga a revivir el trauma narrativamente sin liberar la carga energética atrapada en tu cuerpo sutil. La buena noticia es que existe una forma de acceder a esa herida, limpiarla y cerrarla sin necesidad de desgarrarte nuevamente en el proceso.
La Raíz Transpersonal del Trauma
Para entender por qué ciertas heridas de la infancia parecen resistirse al tiempo, debemos cambiar nuestra perspectiva sobre la conciencia. No somos una tabla rasa que comienza al nacer; somos almas antiguas trayendo un equipaje emocional a una nueva vida.
El Dr. José Luis Cabouli, referente mundial en Terapia de Vidas Pasadas (TVP), explica magistralmente el concepto de atrapamiento de la conciencia. Cuando sufrimos un trauma fuerte en la infancia (o en una vida anterior), una parte de nuestra alma queda literalmente atrapada en ese evento. Para esa fracción de ti, el trauma no ocurrió hace décadas; está ocurriendo ahora mismo, en un eterno presente. Por eso reaccionas desproporcionadamente hoy: porque una parte de ti sigue viviendo el peligro ayer.
Sistemas COEX: El Mapa del Dolor
Aquí es donde la visión transpersonal se vuelve revolucionaria. El psiquiatra e investigador Stanislav Grof desarrolló el concepto de los Sistemas COEX (Sistemas de Experiencia Condensada). Grof descubrió que nuestras memorias no se almacenan al azar, sino que se agrupan por resonancia emocional.
Imagina tu herida de infancia —digamos, la humillación escolar— como la capa más superficial de una cebolla. Debajo de esa capa, conectada por la misma emoción de vergüenza, puede haber una memoria perinatal (durante el parto) y, más profundo aún, una memoria de una vida pasada donde fuiste expuesto públicamente. La herida de la infancia suele ser solo el detonante de una memoria mucho más antigua. Al tratar solo la infancia, estamos podando las ramas sin arrancar la raíz.
Sanar sin Sufrir: La Técnica TVP
Uno de los miedos más comunes es: «No quiero hacer regresión porque me da miedo revivir el dolor de mi infancia». Es crucial aclarar este punto. En la Terapia de Vidas Pasadas, no buscamos la re-traumatización, sino la liberación.
Siguiendo las enseñanzas del Dr. Brian Weiss, el proceso de recordar no es un acto pasivo de sufrimiento, sino un acto activo de comprensión superior. Cuando accedes al origen (que a menudo es anterior a esta vida), se produce un fenómeno de disociación terapéutica: observas el evento, entiendes el patrón, pero ya no eres la víctima. Al sanar la memoria raíz (la vida pasada), la carga emocional que alimentaba la herida de la infancia se disipa automáticamente, como un edificio que pierde sus cimientos.
No necesitamos hurgar dolorosamente en tus recuerdos de los 5 años si vamos directamente a la causa del alma que generó ese patrón. Es una cirugía del alma: precisa, profunda y definitiva.
El caso de Martín: Miedo escénico
Para ilustrar cómo funciona esto sin tocar dolorosamente la infancia, quiero compartir el caso de Martín (42 años), un brillante arquitecto que llegó a mi consulta al borde del colapso profesional.
El Síntoma Paralizante
Martín sufría de un pánico irracional cada vez que debía presentar un proyecto a sus clientes. Físicamente, sentía que la garganta se le cerraba y le faltaba el aire. Había pasado años en psicoanálisis asociando esto a un padre autoritario y crítico que lo silenciaba en la mesa. Aunque sabía esto, cada reunión era una tortura. «Siento que si hablo, voy a morir», me dijo en la primera sesión.
La Regresión: Más allá del padre
Al entrar en estado expandido de conciencia, le pedí a Martín que fuera al origen de esa sensación de asfixia al hablar. Su mente no fue a la mesa con su padre. En su lugar, se vio a sí mismo en un entorno oscuro y húmedo, vestido con hábitos toscos. Era un monje en la Europa medieval.
En esa vida, Martín había sido un copista que descubrió discrepancias en los textos sagrados y cometió el «error» de hablar de ello con sus superiores. La regresión lo llevó al momento de su muerte: fue acusado de herejía y condenado. La ejecución no fue la hoguera, sino el emparedamiento. Lo encerraron vivo en un muro de piedra. Su última sensación fue la falta de aire y la certeza de que «decir mi verdad trae la muerte».
La Resolución y el Cambio
Al revivir esto, Martín entendió todo. Su padre en esta vida no era la causa, sino un actor secundario que, inconscientemente, activó esa vieja memoria de «silencio o muerte». Al liberar la agonía de ese monje y comprender que esa vida ya terminó, la carga emocional se esfumó.
En su vida actual, la transformación fue inmediata. Su «niño interior» dejó de tener miedo a su padre, porque entendió que el miedo no era suyo, sino de aquel monje. Martín pudo presentar sus proyectos no solo con calma, sino con una autoridad natural que desconocía. Sanó su infancia sin tener que revivir las discusiones con su padre una y otra vez; sanó yendo a la verdadera raíz.
Tu Nueva Realidad Te Espera
El sufrimiento crónico no es noble; es innecesario. Mantener una herida de infancia abierta durante décadas consume tu energía vital y te impide cumplir tu propósito. Como bien indica Bert Hellinger, a veces llevamos cargas por lealtades invisibles, pero el destino del alma es ir hacia la vida, no quedarse atada al dolor del pasado.
La Terapia Transpersonal te ofrece la llave para salir del laberinto. No tienes que seguir siendo el niño herido. Puedes rescatar a ese niño, integrarlo y convertirte en el adulto pleno que viniste a ser. La puerta está abierta, y la sanación está a una decisión de distancia.
Si sientes que es momento de soltar esa carga y ver qué hay detrás del velo de tu dolor, te invito a profundizar más en este camino. Agenda tu sesión o continúa leyendo sobre la transformación del alma en cesarmatta.com.



